Añorando el infierno

salvame señor

La educación religiosa, como se puede comprobar en mi último post busca un adoctrinamiento el cual permita por parte de una jerarquía controlar a las masas usando la palabra de Dios como coartada. Todo esta justificado por la voluntad de Dios, desde una guerra hasta la elección de un presidente del gobierno.

Las religiones contienen unos valores morales, que vistos desde fuera son muy dignos y maravillosos, pero una vez analizados en el contexto de lo que supone cualquier religión y su funcionamiento son una hipocresía pomposa.

Las religiones tiene la máxima de que todo lo que hagas en la vida será finalmente juzgado cuando mueras, no vamos a entrar en si esto tiene algún punto de verdad o mentira, simplemente reflexionaremos sobre la creencia de él día del juicio final.

Cuando nadie se planteaba si los dioses existían o no, era una cuestión que se daba por hecho, todo acto de un individuo era reflexionado, teniendo presente que tarde o temprano se debía dar cuentas a un ser superior. Eso conseguía que más de uno se pensara dos veces sus decisiones pues en el infierno no existía la piedad, no se habían inventado el castigo eterno para nada. Hacer el mal tenia unas consecuencias, aquí y si no seguro en el más alla.

Este presing psicológico permitía dos cosas, una que era mantener a la población hasta cierto punto controlada, consiguiendo que hacer el mal no fuera algo de que enorgullecerse, y después darle un sentido a la vida, ya que conseguir el paraíso siempre es un buen aliciente para no ser mala persona e intentar ganar puntos para que se nos permitiera la entrada.

¿Qué ocurre ahora? Los valores religiosos hemos conseguido sacudirlos de nuestra sociedad hasta cierto punto, pero cada vez más la cultura impide creer en paraísos idílicos y milagros increíbles, esa perdida de valores no han sido suplidos por otros de la misma importancia, ni con la misma dedicación. Se ha dado por hecho que hacer el bien es algo innato del ser humano, y nada más alejado de la realidad.

Un niño aprende a robar (por ejemplo un caramelo), o a pegar sin necesidad que un adulto le instruya. La picaresca, envidia o malicia es algo que tenemos todos los seres humanos dentro de nosotros. Solo debemos hacer un pequeño ejercicio mental, e imaginar que no existiera fuerzas de seguridad entre nosotros, ¿os imagináis?, ¿sin policía, ejercito o un simple guardia de seguridad? Seria un caos, robos, agresiones, el salvaje oeste para que vayamos a engañarnos. Esta claro que habría un gran porcentaje de gente honrada y que intentaría mantener un cierto grado de civismo, pero esta claro que la vida seria muy dura.

La falta de un juicio final o un infierno facilita el no respetar a los que nos rodean, cuando solo hay que responder ante uno mismo, convencernos o justificarnos es muy fácil, demasiado cuando vemos día a día en la TV a nuestros “lideres” actuando como meros mercenarios o aquellos que se proclaman como altavoces del más allá sueltan burradas dignas de la edad media.

¿Por qué ser cívico cuando la sociedad no lo es? ¿Que autoridad moral tienen aquellos que me exigen dignidad y lealtad cuando no existe reciprocidad? ¿Quién tiene derecho a decirme lo que esta bien o esta mal?

Nadie, solo podía hacerlo Dios, pero ya no existe, ni él ni el infierno, con lo cual no hay nada que temer ni tengo nada de que arrepentirme, pues solo respondo ante mi y ante la ley, eso si, si me pillan.

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