El voto en blanco, el voto nulo y la abstención.

Como bien me han recordado en un comentario de otro mensaje, en este blog había un fallo: informar adecuadamente sobre el voto en blanco, y ya de paso, sobre las diferentes posibles opciones que tienen los disconformes en nuestro sistema político. Voy a intentar solucionarlo.

La teoría es esta:

1) La abstención
Es simplemente no votar.
Es una opción totalmente válida y legal, prevista y regulada en nuestro sistema electoral: aquellos españoles que no deseen ejercer su derecho al voto no tienen por qué hacerlo.
A la hora de hacer el recuento correspondiente para escoger los representantes de los ciudadanos en los diferentes órganos de gobierno, simplemente la abstención no se tiene en cuenta.

2) El voto nulo
Es un voto defectuoso, un voto que no cumple con las condiciones mínimas exigidas para ser aceptado como válido. Entre otros, tiene la consideración de voto nulo los votos en los que una papeleta electoral aparece con tachaduras o comentarios.
Los votos nulos se contabilizan, pero aparte de eso tampoco se tienen en cuenta a la hora de asignar los representantes.

3) El voto en blanco
Aunque ni en la Ley Electoral ni en ninguna otra parte se indica, de forma oficial, para qué sirve el voto en blanco, este se considera universalmente un voto de protesta, asociado a ciudadanos partidarios de la democracia, pero que no se sienten representados por los partidos existentes. El voto en blanco es el voto del ciudadano que quiere votar pero no tiene a quién.

Según la Ley Electoral, “se considera voto en blanco, pero válido, el sobre que no contenga papeleta y, además, en las elecciones para el Senado, las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos.”

Los votos en blanco son votos “válidos”, y se contabilizan como tales a la hora de calcular el total de votos válidos emitidos. Sin embargo tampoco se tienen en cuenta a la hora de asignar los representantes, salvo por lo siguiente:
El número total de votos válidos se utiliza para calcular el número mínimo de votos necesarios para que un partido político obtenga representación en una circunscripción: en unas elecciones generales, el 3% de total. Los partidos que no obtienen al menos ese porcentaje mínimo de votos se eliminan. Los restantes partidos se asignan los representantes ignorando ya los votos en blanco y los votos a esos partidos minoritarios eliminados.

Hasta aquí la teoría. Y ahora, en la práctica… ¿qué supone cada forma de actuar? ¿Qué debemos hacer los disconformes? ¿Abstenernos, votar en blanco o emitir un voto nulo?

1) La abstención es para los que no quieren votar (de Perogrullo, je, je). Los motivos para no votar son muchos: la desidia, el pasotismo, la irresponsabilidad, el ¡qué bien se está en la playita, mejor no voy a votar!, el considerar que el resultado de las elecciones no es significativo, el rechazo a la democracia como forma de gobierno, el rechazo a nuestro actual sistema político (sea este lo que sea), y… el que cada uno quiera.
Una parte de los abstencionistas ejercen lo que llaman la “abstención activa”, es decir, utilizan deliberadamente la abstención como forma de protesta contra el actual sistema político.
El problema de la abstención activa es que es muy difícil distinguir a los que la ejercen de los demás abstencionistas. Un 50% de abstención no significa un 50% de ciudadanos que protestan. Gracias a ello, a los políticos les resulta muy sencillo excusar la abstención de muy diversas maneras: “llovió”, “hizo sol” , “la gente se fue al campo y a la playa”, “los ciudadanos sabían que iba a salir SI al Estatut y por eso no acudieron a votar”, “la confianza en nuestra democracia hace que los ciudadanos se relajen y no consideren necesario votar” (esta excusa todavía no la han utilizado pero lo harán), etc.
En definitiva, la abstención no es una forma eficaz de reflejar la disconformidad de los ciudadanos, porque no se puede cuantificar de forma clara el número de abstencionistas disconformes.

2) El voto nulo es un voto defectuoso, pero también es utilizado por algunas personas como forma de protesta. El problema de usar un voto nulo para protestar, actualmente, es parecido al de la abstención: salvo algún caso puntual excepcional muy concreto, no hay forma de conocer el número de votos nulos que son votos de protesta y el de los que son de ciudadanos que simplemente se han equivocado al votar.

3) El voto en blanco es la forma de protesta “oficialmente” aceptada en la mayoría de las naciones que tienen sistemas de gobierno democráticos (o al menos aparentemente democráticos). Aunque los motivos para votar en blanco pueden ser muchos, un voto en blanco es considerado siempre un voto de protesta y casi siempre se aceptará la intención democrática del ciudadano que emite ese voto.

Es decir, de las tres opciones, la única que refleja cuasi-inequívocamente un voto de protesta de un ciudadano demócrata es el voto en blanco.
Aunque he simplificado mucho y se podrían objetar y añadir algunas cosas a lo que he comentado, la conclusión que se puede sacar es que, a falta de un partido al que votar, en España, un ciudadano demócrata disconforme, la mejor opción que tiene para dar a conocer su disconformidad, es, en principio, votar en blanco.

El problema

Pero hay un problema. Se elija la opción que se elija, cualquiera de las tres, va a ocurrir lo mismo: no va a servir para nada.
En la práctica, ninguna de las tres opciones tiene fuerza. Los políticos se van a repartir indecentemente los escaños sin importarles cuánta abstención, votos nulos o votos en blanco hayan existido, ya que han hecho una Ley Electoral a su medida que les permite ignorar a los ciudadanos disconformes, a su abstención y a sus votos de protesta.
De hecho han hecho unas Leyes a su medida que les permiten ignorar a todos los ciudadanos, pero eso es otra historia que no viene al caso en este momento.

Sin embargo a pesar de todo la mejor opción sigue siendo votar en blanco. Los políticos no nos van a hacer caso, pero al menos les hacemos saber que están actuando contra nuestra voluntad y, lo que es más importante, hacemos saber, sin ningún lugar a duda, al resto de los ciudadanos, españoles y europeos, que queremos una democracia pero que estos políticos, estos partidos, no nos representan.

Y no es lo mismo una democracia con un 2% de disconformes (caso actual según generales del 2004), que una “democracia” con un 20% de ciudadanos demócratas disconformes claramente identificados. Un 20% de votos en blanco sería una señal muy clara de que en ese país no habría ninguna democracia (en una democracia no puede haber un 20% de ciudadanos excluidos de la misma, por definición es incompatible una cosa con la otra, pueden existir casos marginales pero no una exclusión masiva de ciudadanos).

Y saber que lo que tú creías una democracia, no lo es, es mucho. Aunque no lo parezca.

Por todo ello, hasta que no surja algo mejor, mi recomendación es votar en blanco.

Bueno… cambio de opinión: ¡Ya no recomiendo votar en blanco!
No, no me he vuelto loco. Es que ya ha surgido algo mejor: el voto en blanco computable. O lo que es [casi] lo mismo, el no-partido Ciudadanos en Blanco.

by Ciudadano en Blanco

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2 Comments on “El voto en blanco, el voto nulo y la abstención.”

  1. JUAN IGNACIO Says:

    En mexico no tenemos sobre es solo la boleta. Como podemos marcarlo como en blanco?


  2. si tienes una impresion de la propaganda para que la pueda imprimir y repartir en mis colonia y entre mis familiares lo mas pronto posible para que este 5 de julio hagamos la diferencia


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